No tengo miedo de decir
que te he traicionado,
por pura ociosidad,
por pura melancolía;
porque entre tú y el Diablo
elegí al más confortable...
Pero esa no es la razón
por la que me siento culpable,
querido amigo.
No tengo miedo de decir
que tú me das miedo
con tu esperanza
y tu alto sentido del honor.
Al verte me dan ganas
de destruirlo todo,
de arrasar tu bella sonrisa...
Pero ni siquiera esa es la razón
por la que me siento culpable.
Me siento culpable
porque ya estoy acostumbrada;
es la única cosa que sé hacer en verdad.
Es más cómodo creer
que no estoy equivocada
respecto a mi gran culpabilidad.
No tengo miedo de decir
que he engañado,
que he puesto en el mercado
mis pensamientos más puros.
Me dan ganas de derribar
el concepto entero de Verdad;
dejaré que el placer y la culpa
sean mis únicos guías.
Y me siento culpable
porque ya estoy acostumbrada,
porque es la única cosa que sé hacer.
Es más cómodo creer
que no estoy equivocada
respecto a mi gran culpabilidad.
martes, 24 de noviembre de 2015
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